domingo, 12 de julio de 2009

Puntería infalible




http://www.punto38.es/3805.html

Tarde, como siempre,pero es que en sobrevivir se te va la vida, comunico la aparición del nuevo número de la revista .38 , una gozada para aficionados al género negro y un buen comienso para aquellos que, tras beberse los best sellers obligatorios y con perfume "noir", quieren acercarse en serio al género. Pinchando en el enlace de arriba puedes acceder a la versión pdf o también en e-book. Es que la banda de.38, está que lo tira.

Como muestra, el mensaje inicial de este número:

Número 5. Junio de 2009

Iniciamos el segundo año de .38, la Revista digital de La Balacera, y lo hacemos con la alegría de saber que ya son más de 15.000 los ejemplares descargados hasta el momento, lo que, mediante una simple operación matemática, nos da una media de 3.000 ejemplares por cada uno de los números publicados. Gracias por hacernos tan felices y por colaborar en la difusión de este ilusionante proyecto.

Para ir abriendo boca, un artículo sobre mujeres fatales, seguido de un excelente cuento firmado por Juan M. Velázquez, una entrevista cinematográfica, las habituales reseñas y novedades editoriales, nuestras canciones dedicadas, el cine en DVD, dos concursos, dos, en los que puedes demostrar tus conocimientos criminales o apostar por los ganadores de los premios de la 22 Semana Negra de Gijón y un artículo sobre uno de los escritores revelación del año 2008, el argentino Leonardo Oyola.

Y como dijo aquel, "renovarse o morir". Y lo hacemos ofreciendo al lector la posibilidad de descargarse la revista en formato pdf o leerla on line en un formato on line descubierto gracias a la sugerencia de un buen lector de .38, el publicista catalán Manolo Portabella.

¿Se puede ofrecer más por menos dinero?

La Banda del .38

jueves, 9 de julio de 2009

Un escritor "Argeñol", en el Blog de Jordi Cervera









L’editorial Salto de Página ens ha facilitat el descobriment d’una de les veus més fresques de la nova literatura negra en castellà, la de Carlos Salem. La sorpresa va esclatar amb Camino de ida (2007) premi Memorial Silverio Cañada a la millor primera novel•la de la Semana Negra de Gijón. Després vindria la magnífica i absolutament imprescindible Matar y guardar la ropa (2008) i ara acaba de sortir Pero sigo siendo el rey (2009), una delirant road-movie amb el Rey d’Espanya com a co-protagonista.A mi, personalment, si em toca escollir em quedo sense dubtar-ho i sense desmerèixer les altres dues, amb Matar y guardar la ropa. Salem és imaginatiu, sòlid, brillant, capaç d’evocar i de ser contundent, d’aconseguir moments hilarants, sensacions de gran tendresa i espais de ritme trepidant. Àgil, divertit, sensual i agosarat, dibuixa uns escenaris i uns personatges que acaben captivant i fascinant sense escletxes, amb contundència i rotunditat. Altament recomanable.Com sempre la petició ha estat demanar-li els motius que el porten a escriure. Ell ha anat molt més enllà i ens ha regalat una reflexió força més intensa i profunda, cosa que li agraeixo de manera infinita. El resultat és una mostra directa de l’estil Salem.


Confesiones de un escritor “argeñol”
No hace mucho me preguntaban en una entrevista si me consideraba un escritor argentino o un escritor español. No recuerdo qué respondí para salir del paso, pero sí que seguí dándole vueltas al asunto durante meses. Creo que tengo una respuesta. Pero como perdí el teléfono de aquél periodista, la vuelco en estas líneas.Empecé a escribir por el mismo motivo que todos: me cuesta soportarme a mí mismo, y me cuesta entenderme, así que me explico mejor explicando al prójimo. Aunque tenga que inventarlo.A los diez años decidí que quería ser escritor y pronto supe que no sería tan fácil. Escribir es una cosa y publicar otra. Pero lo que me excitaba era escribir y lo hice. Primero poemas horribles y luego cuentos detestables. Leí. Leí mucho, porque pensaba que era la mejor forma de aprender a escribir. Lo sigo pensando. Me fascinó, desde el principio, la ficción, porque es la única verdad posible, la que se construye desde los ojos del narrador pero sólo existe cuando la inaugura el lector.




Los poemas me servían para ligar, que no era poco para un adolescente que era delatado por el rubor de sus mejillas y para colmo bailaba fatal mientras la música disco agonizaba bajo la bola de espejos de cualquier discoteca. Los cuentos me sonaban falsos, moralistas, panfletarios. Mis cuentos. Devoraba lo que hay que devorar si quieres escribir relatos: Cortázar, Borges, Jack London, Stevenson, Conrad, Chandler, Osvaldo Soriano, todos… Los cercanos, argentinos, me maravillaban por la soltura al dar vida a la lengua de todos los días, al “vos” y el “che” con los que construía sin problemas los malos poemas que me seguían asegurando una provisión sexual más o menos frecuente. Pero no podía o no sabía usar ese lenguaje en mis cuentos.
Lo dejé.
Me dediqué a perseguir mujeres inalcanzables, que tarde o temprano se dejaban alcanzar. Seguí leyendo, con la convicción de que nunca sería un joven escritor argentino. El acento de mi abuelo de Almería me resultaba familiar y más cómodo a la hora de narrar, pero en aquél momento y lugar, parecía cursi escribir de “tú” para contar mis historias patagónicas.
Además, había tantas mujeres que perseguir.



Encontré un refugio temporal en el oficio más viejo del mundo. Y no me refiero a la prostitución sino al periodismo, que ejercí durante dos décadas. Mientras vivía “allá”, nuestra peculiar esquizofrenia periodística me fue de gran ayuda: en la prensa escrita no se usaba el lenguaje de la calle, sino el académico, así que podías escribir bien sin sentir que le dabas a las teclas con el ridículo meñique alzado como las viejas anticuadas a la hora de tomar el té. Pero no me alcanzaba. Quería escribir novelas parecidas a las que me gustaba leer, imaginar la cara del lector (mejor aún: de la lectora, tumbada en su cama y con poca ropa…), vivir la experiencia de saber que, mientras uno está en otra cosa, alguien pasea por una calle que uno inventó con letras y frustraciones.
Hace veintiún años llegué a España, casi olvidado mi sueño infantil, y convencido de que el periodismo era un sucedáneo aceptable y útil para fomentar un cambio. Sólo cambié de peinado: de una melena larga y con rizos a esta calva cubierta con un pañuelo de pirata. Y ni siquiera recuerdo en qué momento ocurrió.
Lo que sí sé fue que me pasé casi dos meses con la radio encendida, bebiendo por las orejas el acento de mi abuelo, las expresiones coloquiales de mi segundo apellido. Y sé también que después le quité la funda a la Olivetti “portátil” de metal que pesaba casi seis kilos y empecé a escribir.
Sigo en ello.




De alguna manera, los temas que me ocupaban y preocupaban mientras perseguía chicas en la Patagonia, eran los mismos. Porque a pesar del “tú” y la “z”, somos lo mismo. Recuerdo que cuando era niño me fascinó tener noticias del efecto Coriolis, por el cual el agua gira en sentidos opuestos en los hemisferios Norte y Sur. Cuando llegué a Barajas, la primera vez, en cuanto superé controles y recuperé maletas, corrí al baño y tiré de la cadena: era cierto. En los inodoros del Norte, el agua se va girando al revés que en los inodoros del Sur.
Poco después descubrí que la mierda era igual en todas partes.
Y que eso era bueno, que no hay pueblos mejores o peores, sino gente jodida, con sueños pinchados que no dejan de soplar para creer que alzarán vuelo.
Tal vez por eso me dedico, aunque no exclusivamente, a la novela negra. Porque la muerte y la vida comparten cenicero, y entre ser gilipollas y ser pelotudo no hay otra diferencia que el tipo de billetes con que te toca pagar por serlo. Porque aquí también, como allá, todo lo atamos con alambre y nos gusta creernos los mejores o sabernos los peores; porque en el fondo da igual mientras tengas un flaco amigo, un colega de barra con el que dejar pasar las horas y las cervezas. Porque lo de Coriolis, por suerte, no vale para las caderas de las mujeres que persigas, a uno u otro lado del charco: las caderas, tuve que perder el pelo para aprenderlo, no obedecen a la leyes de la física. Las caderas no obedecen: mandan.
Por eso ahora, cuando me preguntan, respondo que soy un escritor argeñol, un tipo que no encaja del todo en ninguna patria, que ha perdido el acento argentino al hablar pero no al preguntarse lo importante a solas, que sufre doble en los mundiales de fútbol y sabe, a estas alturas, que tiene un pie del alma (si el alma existe, debe tener piernas y calzar tacones) en cada país, con la consiguiente desprotección de lo que suele colgar entre ambas piernas y que en mi caso cae, calculo, más o menos por Miami.


Un tipo que escribió veinte años y empezó a publicar en serio a los 47, y en dos años ha tenido la suerte de ver nacer y hacer la calle a cinco libros suyos. Que sigue escribiendo poemas para ligar pero ahora sabe que se consigue lo mismo diciendo lo que te duele y no sólo lo que quieren escuchar. Que se aburre cuando escucha sesudas teorías literarias de gente que no se divierte ni emociona escribiendo. Que sigue bailando fatal pero con los mofletes delatores tapizados por la barba. Que piensa y defiende que la literatura es radio, porque sin el lector que le aporte vida, se reduce a una paja mental desganada. Un tipo que se ríe cada vez que escucha aquello de que una imagen vale más que mil palabras, cuando basta pensar un poco para saber que es al revés. Que escribe historias tristes sobre personajes desgraciados que hacen reír a la gente. Y a lo mejor, después de la carcajada, la gente piensa. Por su cuenta. Sin moralejas, porque las moralejas, parafraseando a Eva Perón, las escriben los que ganan. Y uno prefiere estar con los que pierden.
Un tipo al que no le gusta que le toquen los cataplines si no es con fines sexuales.
Un tipo a medio hacer que se escribe en cada página.
Un tipo respetuoso, aunque tal vez un poco chulo en apariencia.
Pero no es mi culpa: tengo lo peor de cada una de mis dos casas, que es lo mejor.
Soy argentino y soy español.
Soy un escritor argeñol.
Y a mucha honra.

Carlos Salem

miércoles, 8 de julio de 2009

"Yo también..." entre los libros del año según ISLA


http://islaalumnos.wordpress.com/2009/01/26/libros-y-discos-del-2008/

LIBROS DEL AÑO – 2008
Paraíso inhabitado – Ana María Matute
La ninfa Inconstante – Guillermo Cabrera Infante
El cielo llora por mí – Sergio Ramírez
La grande – Juan José Saer
Yo también puedo escribir una jodida historia de amor – Carlos Salem
Cuentos completos – Leopoldo Maria Panero
La Hermandad de la Buena Suerte – Fernando Savater
Dietario voluble – Enrique Vila-Matas
Lo que sé de los vampiros – Francisco Casavella
Bienvenidos a Welcome – Laura Fernández
Nocilla Experience – Agustín Fernández Mallo
La mujer calva – Cristina Cerrada
El viaje a la ficción – Mario Vargas Llosa
El juego del ángel – Carlos Ruiz Zafón
Chiquita – Antonio Orlando Rodríguez
Pólvora Negra – Montero Glez
Casi nunca – Ángel Sada
El mundo – Juan José Millás
Nudo de sangre – Agustín Sánchez Vidal
La glorieta de los fugitivos – José María Merino
Los papeles del agua – Antonio Gala
Los años del miedo – Juan Eslava Galán
La cinta roja – Carmen Posadas
El asombroso viaje de Pomponio Flato – Eduardo Mendoza
God&Gun – Rafael Sánchez Ferlosio (ensayo)
Espejos (siglo XXI) – Eduardo Galeano (ensayo)
Historia de un encargo – Gustavo Guerrero (ensayo)
La mujer del maquis – Ana Cañil (ensayo)
Homo sampler – Eloy Fernández Porta (ensayo)
Golem – Leopoldo Maria Panero (poesía)
El dragón y la luna – Milagros Salvador y Gloria Lima (poesía)

En "Anika entre libros"


MATAR Y GUARDAR LA ROPA
Carlos Salem
Editorial Salto de Página
248 Páginas
Premio NOVELPOL a la mejor novela policíaca del 2008


Un sicario, empleado en una empresa de élite dedicada al crimen organizado, se dispone a pasar un mes de vacaciones con sus hijos en la costa de Levante cuando recibe la orden de cambiar de planes... En un camping nudista le espera un “pedido”, como denominan a los asesinatos por encargo. El hombre viaja al lugar sin tener claro quién debe morir, pendiente de unas instrucciones que lo acaban dejando en segundo plano, sólo para que vigile porque está con sus hijos y terminan posponiendo la “entrega”... Pero el instinto del sicario se pone en guardia. Y cada vez está más alerta al advertir demasiadas coincidencias y demasiadas personas conocidas en ese camping: Su ex mujer con el nuevo novio, un amigo de la infancia, un inspector de policía que sospecha de él, una joven enamorada, un animador con excesivo interés por sonsacar a su hijo menor y hasta otro asesino a sueldo con fama de chapucero. En medio de semejante cuadro, el protagonista, que narra la historia en primera persona, sabe que alguien en el camping va a morir, y hasta llega a plantearse que el “pedido” puede que sea él...


La novela es francamente original por el planteamiento, especialmente tratándose de una novela negra. Los crímenes sirven para dar forma a una complicada trama, con momentos muy interesantes e incluso divertidos. Hay amor, sexo, pasiones, recelos, sentimientos encontrados, reflexiones, amistades... Y todo en un sitio nudista, en el que ocultar un arma no es fácil, y con el constante recelo del protagonista hacia cada uno de los que “casualmente” han coincidido con él. Todos y ninguno pueden haber contratado su muerte y todos y ninguno pueden ser la víctima que debe morir...La novela, además de original, es muy entretenida. No defraudará a los amantes del género negro, pero tampoco a lectores de toda condición porque las situaciones son diversas, cambiantes, reflexivas incluso. Se lee de un tirón, esperando con ganas llegar al final.


Aller simple en el blog de Amanda Mayre

(Continúa la buena acogida en Francia a la versión gala de "Camino de ida", que en breve será relanzada en fromato de bolsillo. En el país vecino, los blogs especializados tienen tanta influencia como las publicaciones impresas, y he podido comprobarlo por la rápida implantación de la novela: en un mes se había agotado la primera edición y sin mediar publicidad alguna, salvo las reseñas favorabes en revistas y y bitácoras de amantes del "polar" y la literatura en general. Sólo he ido colgando alguna que otra, porque supongo a los demás la misma igonrancia que ostendo con respecto al francés: lo hablo cmo un siux borracho y tartamudo. Pero he ido detectando mi error: el inculto soy yo y la mayoría de mis amigos españoles lo hablan con fluidez. Eso, o mienten como bellacos. En todo caso, y en agradecimiento a la labor de difusión comunicadores mediante papel o por la via de la red, repoduzco texto y enlace de lo aparecido en el magnífico blog de Amanda Meyre, que recomiendo con entusisasmo. Lo malo: muchos de los libros recomendado y presentes en Francia, no se editan aquí en español. Parece que los Pirneos siguen jodiendo la marrana en ese aspecto...)

« Dorita mourut pendant sa sieste, pour achever de me gâcher mes vacances. J’en étais sûr. » Et Octavio, le premier moment de surprise passé, se contente de se biturer avec les fioles du minibar de sa chambre d’hôtel à Marrakech, parce que « cela méritait un verre ».

Il commence fort, le roman de Carlos Salem ! Octavio, donc, est un pauvre type un peu raté, un peu looser, obscur fonctionnaire espagnol, qui supporte depuis vingt-deux ans une épouse acariâtre et beuglante. Et le décès inopiné quoique fort bien venu de bobonne le plonge subitement dans une série d’aventures rocambolesques et loufoques.

Octavio va rencontrer Soldati, un Argentin véreux, amoral et complètement barré (l’homme a songé à faire fortune en vendant des gelati aux nomades du désert), un cinéaste sans bobines perdu dans l’Atlas et son équipe aussi fêlée que lui, un crooner argentin, réincarnation de Carlos Gardel (à moins que ce ne soit Carlos Gardel lui-même, qui aurait trouvé le remède pour ne pas mourir ?!), déterminé à buter Julio Iglesias pour crime contre l’humanité le tango, un auteur Nobel de littérature qui n’a jamais écrit…

Le ton est férocement disjoncté, tout a l’air de partir en vrille à chaque moment, mais sous des airs de comédie barrée apparaît, en filigrane, un roman plus attachant, celui des rêves perdus qu’il est temps de réaliser, celui des regrets surgis de l’enfance et celui de la vie qu’il faut célébrer.

Le tout sur des airs de tango, tout en suivant toujours des matches de foot, accompagné d’un chat nommé Jorge Luis et sous l’ombre d’un nuage revanchard, servi par des dialogues qui font pouffer à plus d’une reprise.

« Je me roulais par terre en hurlant de rire quand, ayant terminé mon inspection du fourgon, je compris que Dorita n’était définitivement pas là, et que je resterais dans l’Histoire comme le seul pauvre type mort par congélation dans le désert et en plein soleil ».

Harriba Salem !


Aller simple, Carlos Salem, Moisson Rouge
265 pages, mai 2009





http://www.amandameyre.com/archive/2009/07/02/aller-simple-–-carlos-salem.html