viernes, 10 de septiembre de 2010

Reseña de Camino de ida, en" Castorín"



Camino de ida
Autor: Carlos Salem
Editorial: Salto de página
Páginas: 224 páginas

Este es el último libro que he tenido el auténtico placer de leer: Camino de ida.
Novela negra escrita por el autor argentino-español Carlos Salem. Primeramente, reseñar que es una historia sólida con múltiples personajes, donde nada se deja al azar con individuos que van desde perdedores hasta mercenarios. La trama te atrapa desde el primer momento y te inmiscuyen en su lectura, haciendo que no quieras o no puedas dejar de leer.
Hilarante, con toques de humor e ironía. De las mejores novelas que he leído este año.
Como cita en su prosa: "Y si hay miseria, que no se note." A continuación os adjunto un enlace del vídeo donde el propio autor sintetiza la novela. Sobran las palabras.
http://www.conoceralautor.com/obras/ver/NTAy

En resumen: Una excelente y divertida novela. Para disfrutar de principio a fin. Un novelón. Totalmente recomendable.


http://chenel-3.blogspot.com/2010/09/libro-camino-de-ida.html

martes, 7 de septiembre de 2010

"Cracovia sin ti, en Otro Lunes




Casualidades exageradas pero verosímiles
por Isabel Camblor



Cracovia sin ti" realmente no transcurre en Madrid, sino más bien en un universo microcósmico dentro del imponente Madrid. Estamos ante una historia (que se cruza ingeniosamente con la popular fábula de "La cigarra y la hormiga"), indiscutiblemente urbana y cosmopolita. Debemos imaginarla observada desde los ojos de un gato, bautizado con el original nombre de Gato.
Gato contempla, y ante lo que se va descubriendo, esboza una sonrisa cáustica y algo impertinente que no es sino una burla a las contradicciones humanas en el ámbito del amor: esa sonrisa alegórica, Gato la mantendrá a lo largo de toda la novela.

Daniel y Daniela se besan en la cara pero no en los labios, porque parece ser que en una oficina compartida resulta más prudente tener un amigo que poseer un amante. Si hay algo que les une, aunque ellos no sean conscientes, es el desencanto, aunque también, pero en menor medida, los inconvenientes a la hora de sobrevivir en una agencia de publicidad donde no todo es trigo limpio. Por ser Madrid el escenario escogido por Salem, no puede faltar el canallismo, y los incisos que se suceden en el bar Malone constituyen un estupendo recurso para hacerlo efectivo y también para terminar de definir los encuentros, desencuentros y las múltiples insensateces que pueden desencadenarse cuando se produce el amor anhelado pero que no termina de verificarse.

Puede distinguirse claramente un puntillo experimental en esta novela: por la estructura, por el lirismo combinado con la ironía y con cierta crudeza, por la naturaleza de una forma de humor nada convencional pero hilarante, por el perfil de poeta que escribe novela (no puede ocultarlo Carlos Salem: además de novelista es poeta y a veces los géneros, tal vez inconscientemente, se fusionan), por las casualidades exageradas pero perfectamente verosímiles y por otras muchas cosas que van desconcertándonos a medida que la novela transcurre.

Para mí ha sido un buen descubrimiento este Salem, con su particularísimo espíritu literario y su curioso modo de atraparnos con piruetas a la hora de retratar la misma realidad y agarrándonos sin compasión por las solapillas para obligarnos a quedarnos hasta el punto final. Muy recomendable.

http://www.otrolunes.com/php/librario/librario-n14-a06-p01-2010.php

lunes, 9 de agosto de 2010

Entrevista en ASUNTOS PROPIOS, en Radio Nacional

http://www.rtve.es/mediateca/audios/20100809/carlos-salem-libro-historia-sobre-gilipollas-volvemos-cuando-enamoramos-asuntos-propios/848158.shtml

El charco, cuento inédito, en PUBLICO

(Un cuento inédito mío, en el suplemento de verano LIBRE del diario PUBLICO, publicado hoy. La dedicatoria se traspapeló, pero está dedicado a mi amigo Arturo Martínez, que a veces se parece a Sotanovsky...
La ilustración es de CANDELA)













EL CHARCO

Sotanovsky se detuvo al borde del charco calculando si las fuerzas le alcanzarían para un salto limpio. Acaso fuera más prudente rodearlo y no arriesgar la poca dignidad que ese lunes le había dejado intacta. Dedujo que un charco, visto así, es como un mar observado desde el espacio. Y un mar es cosa seria.

Se preguntó por qué los charcos serán siempre turbios, algo que sin duda no contribuye a darles buena fama, y recordó que el candidato que había votado en las últimas elecciones llevaba en su programa una propuesta para hacer que nuestros charcos, verdadero patrimonio de la nación y símbolo inalterable de nuestro carácter emprendedor, dejaran de ser lagrimones de agua sucia, para tornarse en cristalinos ojos que reflejen progreso y muestren a cada ciudadano el paso decidido hacia el mañana. Pero la promesa seguía sin cumplirse.

Levantó un pie y en ese momento dudó sinceramente de que tal enunciado fuera correcto, porque bien podría pensarse que era el pie quien lo levantaba a él. (Sotanovsky era un ser racional los lunes, miércoles y viernes, del mismo modo que los martes y jueves era un espíritu difuso, y los sábados se permitía ser una zapatilla vieja pero indudablemente cómoda. Los domingos era sólo un suspiro sin motivos definidos.)

Ese día, que era lunes y frente a ese charco, Sotanovsky era un ser racional. No era cuestión de llegar y saltar, se dijo, porque si fallaba en el salto, su ego quedaría seriamente dañado. Y en ese instante el charco se le antojó una sonrisa perversa de la acera.

Se agachó a contemplar de cerca a su enemigo, y percibió que la superficie barrosa estaba surcada por unas mínimas olitas. Imaginó un transatlántico lujoso y vio en la cubierta a una mujer vestida de fiesta bailando con un hombre elegante, mientras la orquesta, dentro de una glorieta, tocaba una canción romántica y refinada. Reconoció en el gesto del hombre elegante cierto aire familiar pero mejorado. La mujer, aunque aguzó la vista, no era conocida, pero sus formas y el generoso escote eran para Sotanovsky la suma de muchas otras mujeres vistas desde lejos.

No tuvo dudas: era Ella.

Hubo en la cubierta cierta inquietud y la orquesta elevó la fuerza de su melodía antes de los acordes finales. Sota-novsky hubiera jurado que la espalda de la mujer denotaba cierta tensión, pero no ese anticipo de salto al placer que un momento antes dibujaba su cuerpo. También el hombre familiar se movía con envaramiento, como si temiera un golpe y no supiera de dónde vendría. Se hizo el silencio en la orquesta, pero un trompetista regordete arrancó con un estrepitoso ritmo que Sotanovsky reconoció de inmediato como el odioso Tico Tico al más impuro estilo Ray Connif.

El hombre pidió disculpas a la mujer, caminó hasta el trompetista y lo derribó de un golpe. La orquesta aplaudió a rabiar y la mujer le arrojó un beso. El hombre elegante cargó al trompetista sobre sus hombros y caminó hasta la borda. La orquesta atacó con un vals que, por suerte, no era de Strauss, y siguiendo el ritmo, el hombre balanceó el cuerpo del músico, hasta que al completar un compás y no sin gracia, lo dejó caer al agua. Se volvió hacia los demás e hizo una reverencia, y Sotanovsky lo admiró antes de reconocer en ese hombre al que el propio Sotanovsky soñaba ser cuando todavía sabía soñar y no dividía sus anhelos en frecuencias semanales.

La orquesta inició un bolero tan pegajoso que al hombre le costó trabajo volver a la pista de baile, pues sus zapatos se adherían en cada paso al suelo de la cubierta. La mujer se echó en sus brazos y le dio un largo beso, tan apasionado que el precario equilibrio de su vestido se rompió con un gemido y cayó a sus pies mientras los músicos, entre el pudor ante la escena y el temor a ser arrojados por la borda, se volvieron sin dejar de tocar el cálido bolero, lo que demandó un alto grado de habilidad por parte de algunos músicos, en especial el pianista. Las luces se atenuaron y Sotanovsky sintió un cosquilleo de excitación ante la escena que iba a tener lugar de inmediato. Un crujido siniestro cubrió la música y pudo ver que otro barco acababa de abordar al lujoso transatlántico. La mujer gritó al descubrir que se trataba de piratas malayos de la más fiera calaña, y sólo el pianista suspiró aliviado por abandonar su incómoda postura de tocar con las manos a la espalda. El capitán pirata se parecía al trompetista regordete, pensó Sotanovsky, pero enseguida adjudicó esa confusión a la escasa iluminación que no le impedía, sin embargo, distinguir los pezones sonrosados de la mujer. El hombre se batió a duelo con el capitán de los piratas, pero llevaba las de perder, ya que el sable que le entregaron era sensiblemente más corto que el del malayo. Sin embargo, luchó fieramente y con maestría, intercalando entre estocada y estocada inteligentes frases irónicas destinadas a minar la confianza del enemigo. El pirata hacía otro tanto, pero al hablar diferentes lenguas el asunto perdía interés.

La lucha se prolongaba y algunos piratas recordaban otros abordajes, mientras un grupo de músicos, encabezados por el pianista, reclamaba al director de la orquesta las preceptivas horas extraordinarias y un plus de peligrosidad por tocar en pleno ataque pirata.

La mujer, que al comienzo del lance emitía grititos de alarma cuando el malayo acorralaba al hombre, empezó a bostezar cada vez con menos disimulo, y aceptó reunirse con un hombre que la llamaba desde las sombras. Los piratas bebían y jugaban a los dados con algunos de los músicos, aunque un reducido grupo de esquiroles seguía tocando, y los demás yacían borrachos por la cubierta. Uno de ellos (Sotanovsky hubiera jurado que fue el pianista), hizo caer un candelabro en su embriaguez, y el fuego se extendió rápidamente. Los piratas se amontonaron junto a los músicos, pugnando unos y otros por llegar hasta el barco pirata, pero como las partidas de dados habían alcanzado un alto nivel en las apuestas, resultó que el pianista era el nuevo propietario de la nave y se negaba a dejar subir a toda esa gente sin acordar antes el precio del billete.

El hombre y el capitán pirata, entre tanto, seguían su duelo sobre un cable de acero, y como no recordaban frases ingeniosas, se limitaban a tararearlas con entonación sardónica. El pianista incendió el barco pirata, argumentando que antes que malvender su mercancía, prefería hacer uso de su derecho de propietario. Piratas y músicos corrieron hacia los botes salvavidas, para descubrir que habían sido inutilizados por la mujer y el hombre en las sombras, que se alejaban en el bote intacto. Desafiando la gravedad, el hombre elegante y el pirata proseguían su duelo en el palo mayor y sólo un descuido del bandido malayo lo perdió, al cambiar las frases tarareadas por tonadas populares, con tal mala suerte que la primera que escogió fue el Tico Tico. El hombre elegante dio un séxtuple salto mortal y al caer atravesó al pirata con su corta espada. Las llamas lo devoraban todo y músicos y piratas se ahogaban cada uno con su grupo, por aquello de mantener las distancias. En ese momento el hombre elegante vio el bote salvavidas iluminado por un rayo de luna y en él, besándose y a punto de consumar un acto de asquerosa lujuria, a la mujer completamente desnuda, abrazando al hombre de las sombras, que resultó ser el trompetista regordete. Desesperado, saltó a cubierta y les arrojó el piano de cola tras bajar la tapa para tornarlo más aerodinámico. El instrumento dio de lleno en el bote, pero lejos de evitar la horrible acción de la pareja de traidores, el peso los unió con más fuerza y más ruido; y unidos en esa impura posición los llevó al fondo del mar. El hombre elegante murmuró unas palabras mientras el transatlántico también se hundía, y cuando sólo asomaba en la superficie su cabeza familiar, dijo "mierda" y desapareció.

Sotanovsky sacudió la cabeza, pensando que debía controlarse, ya que era lunes y que, como ser racional, mal podía permitirse esas extravagancias. Se puso de pie con un crujir de rodillas, tomó impulso y saltó el charco.

Sólo le faltó un poco para llegar a la otra orilla.

Se fue hundiendo lentamente mientras murmuraba unas palabras, y cuando sólo asomaba su cabeza, dijo "mierda" y desapareció.

Los círculos del agua en la superficie del charco se fueron cerrando y pronto todo fue otra vez una multitud de minúsculas olitas.

Por la calle pasó un coche desvencijado, con la radio a todo volumen.

Era Ray Connif, interpretando el Tico Tico.





http://www.publico.es/culturas/331398/charco

viernes, 30 de julio de 2010

Entrevista para Notimex

"La realidad en América Latina es una novela negra"


El escritor hizo una valoración del lector europeo y el latinoamericano con respecto a su actitud hacia los nuevos autores y a los best sellers.

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* En la imagen, el escritor hispanoargentino Carlos Salem quien aseguró hoy que `la realidad latinoamericana es una novela negra". Foto Archivo/Vanguardia


Gijón, España.- El escritor hispanoargentino Carlos Salem, finalista del premio Hammett de la Semana Negra de Gijón, que destaca la mejor novela policiaca de 2009 escrita en español, aseguró hoy que `la realidad latinoamericana es una novela negra`.

En entrevista con Notimex, Salem dijo que aunque este género tiene un origen `muy anglosajón` y en España `hay violencia, hay magníficos autores y es un género que cada vez tiene más salud, lo cierto es que en América Latina, casi todo lo que quieras contar va a tener algo de novela negra`.

El escritor hizo una valoración del lector europeo y el latinoamericano con respecto a su actitud hacia los nuevos autores y a los best sellers.

`En España siempre se dice que se lee poco, pero se lee y hay un número muy interesante de lectores ávidos de buscar cosas nuevas`, aseguró.

Pese a la crisis, anotó, hay una economía mucho más saneada que en América Latina, lo que hace mucho más fácil que los fenómenos de masa prendan.

Indicó que en Francia `el mercado es mejor, el lector se deja llevar por la mercadotecnia, pero hay más gente que busca encontrar otras cosas, está dispuesto a recibir y hacer suyo algo nuevo sin necesidad que esté avalado por supuestos miles de ejemplares vendidos`.

En América Latina, expuso, lo más común es que entre amigos se intercambien libros: `La necesidad agudiza el ingenio, siempre ha sido así`.

Señaló que en América Latina se siguen vendiendo los libros que jalan grandes fenómenos de masas, `pero como cuestan más, como hay que trabajar más horas para comprar un libro, hay gente que lo valora y pide algo que le guste, no algo que le diga la publicidad`.

Respecto a los autores latinoamericanos en Europa, Salem expresó: `Vivo en España y a mí me han tratado muy bien`. Aunque `es, posiblemente, el país en el que es más difícil o lento publicar para un escritor latinoamericano` en Europa, abundó.

`Para un escritor latinoamericano es más fácil publicar en francés si ha salido de su país que publicar en España`, resaltó.

Aseguró que muchas editoriales francesas `también se están abriendo, antes buscaban lo que había salido de España, pero ahora están empezando a buscar en Buenos Aires, en Caracas, por ejemplo`.

`Europa se está abriendo, pero como todo el fenómeno de lo que es Europa en sí, se está abriendo de una forma que no es pareja. España va poco a poco. Hay cuatro o cinco nombres latinoamericanos, pero la mayoría viven aquí`, dijo.

`España acoge a los latinoamericanos, en cambio Francia y Alemania están más interesados en recibir lo que tenemos que contar`, subrayó Salem.

Sobre el premio Hammett, que recayó en el argentino Guillermo Orsi, Salem aseguró que `ser simplemente finalista ya es un honor, también un caramelo envenenado porque los competidores son tremendamente buenos, con lo cual genial, porque si pierdes hay motivos y si ganas pues doble`.


http://www.vanguardia.com.mx/realidadenalesunanovelanegracarlossalem-521040.html